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Y ahora????

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1 Y ahora???? el Sáb Sep 03 2016, 14:49

Sumando los niveles de gobierno nacional, provinciales y municipales, en el año 2002 el Estado ocupaba a 2.100.000 empleados. En ese mismo año el número de jubilados y pensionados a cargo del gobierno orillaba los 3 millones y la cantidad de personas que recibían subsidios o eran beneficiarios de planes sociales, sin incluir asignaciones familiares, alcanzaba alrededor de un millón. En total eran 6.100.000 personas las que mensualmente recibían una remuneración o transferencia del Estado. Frente a ellos había aproximadamente 7 millones de personas activas en el sector privado formal que realizaban sus aportes y pagaban sus impuestos. La balanza de 7 a 6,1 entre los que aportaban y recibían estaba razonablemente equilibrada. Podría haber sido aún más favorable, ya que en aquel entonces diversos estudios ya mostraban un exceso innecesario de empleados estatales.

Pero entre 2002 y 2015 se produjo un cambio desequilibrante de gran significación. El número de empleados públicos aumentó a 4.100.000. La cantidad de jubilados y pensionados a cargo del Estado se expandió a 7,5 millones después de dos generosas moratorias y de la estatización del sistema privado. Por otro lado, los planes sociales se multiplicaron y expandieron hasta abarcar algo más de 8 millones de beneficiarios. El total de personas a cargo del Estado pasó así a 19,6 millones de receptores de pagos mensuales. En el mismo período los aportantes privados formales sólo subieron a 8,5 millones. La balanza quedó así fuertemente desequilibrada: 8,5 millones aportan y 19,6 millones reciben. Una relación de este tipo no se observa en ningún país del mundo y no es sostenible dentro de los límites de una presión impositiva razonable que no destruya la economía.


El desborde estatal durante la gestión kirchnerista se puede evaluar también desde el ángulo del gasto público. De un nivel del 30% del PBI en 2002 se pasó al 47% en 2015. Fue un aumento en proporción al tamaño de la economía, que a su vez también creció. De acuerdo con información desarrollada por la reconocida Fundación Libertad y Progreso, de los 17,1 puntos de aumento del gasto en relación al PBI, el incremento del empleo público fue responsable de 5,5 puntos; el de jubilados y pensionados contribuyó con 3,4; los planes sociales, con 3,9, y los subsidios a la energía, el transporte y otras actividades, con 4,3.

La gestión kirchnerista intentó solventar este engrosamiento estatal aumentando impuestos. Elevó la presión impositiva desde un 27% del PBI hasta un 40%, haciéndola insoportable para trabajadores, exportadores y productores. A pesar de ello desapareció el superávit fiscal que se había alcanzado en 2004 y se generó un creciente déficit, que alcanzó a un 7% del PBI en 2015. Ésta fue la situación heredada por el presidente Macri.


La dificultad de reducir el gasto ha quedado demostrada en la enorme resistencia de la sociedad a los ajustes tarifarios, única alternativa para que el Estado reduzca los abultadísimos subsidios a los servicios públicos.

Macri está ante la necesidad de reducir el déficit para detener el rápido crecimiento de la deuda pública. Podría intentar una licuación gradual haciendo crecer la economía, pero esto requeriría tiempos muy prolongados como para evitar la impaciencia de los acreedores. Inevitablemente deberá actuar sobre los subsidios sociales y sobre la burocracia estatal. Esto exigirá contar con un programa bien elaborado de reforma del Estado y con políticas e instrumentos que faciliten la transferencia de empleo público hacia el sector privado. Entre ellos parece imprescindible una revisión de las regulaciones laborales, que tras el objetivo de proteger al trabajador han afectado severamente la competitividad, han desalentado la inversión y están afectando la demanda de empleo.

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La reversión del gigantismo estatal y la crítica situación fiscal constituyen dos de los mayores desafíos del Gobierno. La oposición, así como los gobernadores de provincias y los dirigentes sindicales deberían ser conscientes del riesgo de demorar la corrección de esta situación. Ya han abusado de las exigencias que implicaron un gasto adicional como condición para acompañar cada ley o medida intentada por el Poder Ejecutivo. El presidente Macri y sus funcionarios deberían esforzarse más por explicitar la gravedad de la situación fiscal, en lugar de mostrarse cómodos frente al problema, al tiempo que deberían exhibir una mayor firmeza para enfrentar demandas que aumentan el gasto público.

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2 Re: Y ahora???? el Sáb Sep 03 2016, 19:03

Sigamos armando un cuadro,

este es un articulo de alguien muy querido por el negro.

Los altos costos estanflacionarios de tratar de eliminar la inflación inercial sólo con restricción monetaria (Dominngo Cavallo)

La mayor parte de los analistas independientes proyectan tasas de inflación del orden del 2% mensual para los meses finales de 2016 y para todo el año 2017, porque consideran que los salarios nominales continuarán aumentando en el orden del 32%, como lo hicieron durante 2015 y 2016. Los aumentos salariales influyen no sólo sobre los costos de producción del sector privado sino también sobre las erogaciones salariales y jubilatorios del sector público.

Es precisamente este ajuste de los salarios basado en la inflación pasada lo que crea la inflación inercial. La inflación inercial se ve agravada por el sinceramiento de la inflación reprimida que resulta de las distorsiones de precios relativos producidas. Este es precisamente el caso de Argentina en 2016.

La política monetaria no está bien equipada para luchar contra la inflación inercial porque el principal mecanismo de transmisión a los precios es el tipo de cambio como ocurre en economía abiertas en las que se persiguen metas de inflación manejando como instrumento monetario a la tasa de interés.

Si la economía fuera financiera y comercialmente cerrada, la política monetaria influenciaría sobre la inflación por el efecto depresivo del aumento de las tasas de interés sobre el consumo y la inversión. La recesión creada por el aumento en la tasa real de interés eventualmente quebraría la inflación inercial, por un lado aumentando la desocupación, lo que haría bajar las pretensiones salariales de los trabajadores y, por el otro lado, induciendo espectativas de inflación más bajas. Los efectos recesivos de las políticas monetaristas de estabilización son normalmente elevados y largos.

En economías comercialmente abiertas pero todavía cerradas a los mercados financieros, como ocurre cuando hay controles de capitales, las políticas de estabilización influyen sobre la tasa de inflación también a través de la apreciación de la moneda local agregando así al tipo de cambio como mecanismo de transmisión para reducir la inflación actual y esperada. El tipo de cambio tiende a apreciarse no porque entren capitales sino porque la recesión interna libera producción para las exportaciones. La apreciación cambiaria induce mayores importaciones y éstas ayudan a contener el aumento del precio de los bienes comercializables, lo que reduce la inflación. Este mecanismo de transmisión normalmente atenúa el efecto recesivo del aumento de las tasas de interés pero a costa de generar un déficit comercial que puede desalentar la producción de bienes comercializables externamente en el mediano plazo.El déficit comercial pued llegar a ser grande y largo en el tiempo, pero eventualmente remueve la inflación inercial.

En economías financieramente abiertas pero aún comercialmente cerradas, especialmente por el lado de las importaciones, la apreciación cambiaria necesaria para quebrar la inercia inflacionaria puede resultar muy grande y larga y generar un gran déficit comercial también por el desaliento a las exportaciones, lo que termina agregando más recesión a la que producen las altas tasas reales de interés.La apreciación cambiaria puede resultar incluso más elevada aún si el gobierno agrega al influjo de capitales externos colocando deuda en el exterior para financiar su déficit.

Este es precisamente el caso de la economía Argentina en 2016. Se trata de una economía con fuerte inflación inercial agravada por el sinceramiento de la inflación reprimida, que es financieramiente abierta pero todavía comercialmente cerrada a las importaciones por consideraciones de protección industrial. Además tiene un alto déficit fiscal . En esta clase de economía, el mecanismo dominante de transmisión es el tipo de cambio. La a cambiaria puede ser grande y durar mucho. Por lo tanto el Peso puede llegar a estar muy sobrevaluado, incluso más que si el Banco Central hubiera sujetado el valor del peso al del dólar como el principal instrumento para estabilizar la economía

La alta tasa de interés pagada por el Banco Central para colocar las LEBACs induce altos costos del financiamiento en pesos para los dos sectores, el público y el privado. En consecuencia,los dos tienden a financiarse en dólares. Si el Banco Central no compra el influjo de capitales originado en el financiamiento externo de los déficits, el peso se apreciará mucho.La apreciación del peso ayuda a desinflar los precios de los bienes comercializables externamente, pero como los salarios y los precios de los bienes no comercializables continúan aumentando por inercia, la apreciación es aún mayor en términos reales.La apreciación real es aún mayor si por razones de protección industrial se restringen las importaciones.

Cuando hay señales claras de sobrevaluación del peso, la reacción natural de cualquier Banco Central es intervenir en el mercado cambiario comprando reservas, pero para ello tiene que emitir pesos. Luego, para absorber la liquidez excesiva tiene que vender LEBACs y termina incurriendo en los altos costos financieros que en primera instancia el gobierno trató de evitar financiandose desde el exterior en lugar de hacerlo en el mercado interno.

Esto es precisamente lo que el Banco Central ha estado haciendo durante los primeros siete meses de 2016. El Banco Central ha comprado 8 mil millones de dólares en términos netos y ha colocado una cifra equivalente en pesos de LEBACs adicionales. Como el margen entre la tasa de LEBACs y el ritmo de devaluación se mantiene alta, el Banco Central genera un déficit que tiene las mismas consecuencias económicas que el déficit del gobierno. De esta forma la política monetaria restrictiva termina siendo desestabilizadora.Por esta razón la intervención directa del Banco Central en el mercado cambiario termina derrotándose a si misma

La predicción para el escenario base de 2017 supone que este mecanismo perverso se repite en 2017. Es como si la economía estuviera en una trampa inflacionaria de la que no puede salir.

La única forma de escapar de esta trampa es encontrando modos efectivos de quebrar la inercia inflacionaria y, al mismo tiempo reducir el déficit fiscal y la tasa nominal de interés. En la próxima sección proyectamos cuál sería el curso de la economía durante 2017 si un plan integral de estabilización capaz de alcanzar la meta del 1% de inflación mensual fuera aplicado desde enero de 2017.

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