Por Nicolás Bertholet. Emiliano Colombo y Alejandro Robba.
Desde la ortodoxia económica y la heterodoxia conservadora suelen apuntar que una de las “herencias” que el kirchnerismo le dejaría al próximo gobierno es un tipo de cambio atrasado. En informes anteriores resaltamos la diferencia entre lo que la oposición y sus economistas llaman herencia (instrumentos de política económica) vs. la herencia de inclusión y mayor comodidad que tenemos los argentinos a partir de los últimos años (ver http://tiempo.infonews.com/nota/146298/podran-los-gobiernos-futuros-sostener-la-herencia ) y que el próximo gobierno tendrá que sostener y mejorar.
El atraso cambiario seria el principal mal que aqueja a la economía. El razonamiento que se esgrime es el siguiente; un tipo de cambio alto es aquel que permite a las empresas locales ganar mercados externos y exportar más cantidades en base a precios más competitivos que los demás países. A su vez le asegura al sector exportador grandes beneficios que lo incentivan a invertir más, al pagar poco a la mano de obra (salarios locales en dólares bajos) y tener altos ingresos en moneda local (muchos pesos por cada dólar exportado).
La relación entre los ingresos en moneda local por cada dólar exportado menos los salarios en moneda local por dicho dólar exportado es lo que en economía se llama tipo de cambio real (1). Es decir, cuánto más depreciado sea el tipo de cambio real, mayor es la diferencia entre los ingresos en moneda local vs. sus costos, lo que redunda en una gran ganancia empresaria por cada dólar que exporta. Bingo a exportar mas¡¡¡
Ahora bien si los ingresos en moneda local quedan estancados o bajan (me pagan menos por cada dólar) y mis costos en moneda local suben (pago más salarios por paritarias anuales) entonces esta diferencia se achica, lo que en economía se denomina: apreciación del tipo de cambio real. A exportar menos¡¡¡
Pero analicemos si es verdad que las exportaciones argentinas y de nuestros vecinos han sido estimuladas con un tipo de cambio real depreciado o desincentivadas con tipo de cambio real apreciado.
Los datos empíricos parecen refutar tal don que se le atribuye al tipo de cambio depreciado (alto) para impulsar las exportaciones. En efecto, si dividimos los últimos seis años dos subperíodos: 2009-2011 y 2012-2014, podemos observar que las cosas no se dan como marcan los defensores del tipo de cambio real alto. Para el subperíodo 2009-2011 observamos una política de apreciación real de la moneda de los países con un fuerte incremento de las exportaciones, en tanto que en los últimos tres años (2012-2014) las exportaciones se redujeron, mientras que el tipo de cambio real se deprecio.
Si tomamos el caso de Brasil, podemos ver que en el primer periodo existe una apreciación del TCR del 19% y las exportaciones subieron un 29%. Contrariamente, en el periodo 2012-2014 el tipo de cambio real se depreció un 40% y las expo cayeron un 12%.
En el caso de Perú podemos ver para el primer periodo una apreciación del 9% TCR con un incremento de las exportaciones del 49% acumulado y a partir del 2012 una depreciación real del 9% y las exportaciones cayeron un 15,2%. En el caso de Chile en el primer periodo la moneda se aprecia un 14% en términos reales y las exportaciones aumentaron un 26% y en el segundo se deprecia un 20% y las exportaciones cayeron un 5%.
Argentina no fue la excepción a la regla. En el periodo 2009-2011, la apreciación real fue de un 29% y las exportaciones se expandieron a un 20% acumulado. En cambio en el periodo 2012-14, el TCR se depreció un 3% y las exportaciones cayeron un 10%.(2)
Esta obsesión actual por la devaluación es la misma que existía en el periodo 2004-2008. Incluso en ese lapso, caracterizado por un boom de las exportaciones, se da un proceso fuerte de apreciación nominal del tipo de cambio en Brasil, Chile y Perú.
Una visión alternativa y, a nuestro entender correcta, pasaría por relacionar la caída de las exportaciones en los últimos años con dos procesos: la reducción del precio de nuestros principales productos y la contracción de la demanda mundial, en particular, el estancamiento de la economía brasilera, la recesión europea y la desaceleración de China y de otros emergentes. Por el lado de los precios se observó una significativa caída durante 2014 (17,1% en dólares) explicado, fundamentalmente, por mermas en los precios de los productos del complejo sojero, del petróleo crudo y del maíz (3).
Uno de los desafíos de la economía argentina radica en incrementar las exportaciones, en particular de las de mayor valor agregado, pero –como demostramos- no provendrán de mega devaluaciones. En cambio, lo que se necesita es una mayor competitividad de las empresas nacionales mediante una reducción en sus costos, por ejemplo los de transporte interno, un mejor y más barato acceso al mercado de crédito nacional y mayor dotación de capacidad humana capaz de inyectar innovación en los productos y procesos productivos. Por su parte el Estado deberá seguir colaborando para ganar nuevos mercados externos y conducir la estrategia exportadora.
Lo que sí estamos seguros es que las devaluaciones que nos quieren imponer tienen un solo objetivo, destruir el salario real y disciplinar a la clase trabajadora con mayor desempleo. ¿O ustedes piensan que los lobbystas feroces por la devaluación desconocen los datos que planteamos en el informe? El problema es que no lo dicen.
Desde la ortodoxia económica y la heterodoxia conservadora suelen apuntar que una de las “herencias” que el kirchnerismo le dejaría al próximo gobierno es un tipo de cambio atrasado. En informes anteriores resaltamos la diferencia entre lo que la oposición y sus economistas llaman herencia (instrumentos de política económica) vs. la herencia de inclusión y mayor comodidad que tenemos los argentinos a partir de los últimos años (ver http://tiempo.infonews.com/nota/146298/podran-los-gobiernos-futuros-sostener-la-herencia ) y que el próximo gobierno tendrá que sostener y mejorar.
El atraso cambiario seria el principal mal que aqueja a la economía. El razonamiento que se esgrime es el siguiente; un tipo de cambio alto es aquel que permite a las empresas locales ganar mercados externos y exportar más cantidades en base a precios más competitivos que los demás países. A su vez le asegura al sector exportador grandes beneficios que lo incentivan a invertir más, al pagar poco a la mano de obra (salarios locales en dólares bajos) y tener altos ingresos en moneda local (muchos pesos por cada dólar exportado).
La relación entre los ingresos en moneda local por cada dólar exportado menos los salarios en moneda local por dicho dólar exportado es lo que en economía se llama tipo de cambio real (1). Es decir, cuánto más depreciado sea el tipo de cambio real, mayor es la diferencia entre los ingresos en moneda local vs. sus costos, lo que redunda en una gran ganancia empresaria por cada dólar que exporta. Bingo a exportar mas¡¡¡
Ahora bien si los ingresos en moneda local quedan estancados o bajan (me pagan menos por cada dólar) y mis costos en moneda local suben (pago más salarios por paritarias anuales) entonces esta diferencia se achica, lo que en economía se denomina: apreciación del tipo de cambio real. A exportar menos¡¡¡
Pero analicemos si es verdad que las exportaciones argentinas y de nuestros vecinos han sido estimuladas con un tipo de cambio real depreciado o desincentivadas con tipo de cambio real apreciado.
Los datos empíricos parecen refutar tal don que se le atribuye al tipo de cambio depreciado (alto) para impulsar las exportaciones. En efecto, si dividimos los últimos seis años dos subperíodos: 2009-2011 y 2012-2014, podemos observar que las cosas no se dan como marcan los defensores del tipo de cambio real alto. Para el subperíodo 2009-2011 observamos una política de apreciación real de la moneda de los países con un fuerte incremento de las exportaciones, en tanto que en los últimos tres años (2012-2014) las exportaciones se redujeron, mientras que el tipo de cambio real se deprecio.
Si tomamos el caso de Brasil, podemos ver que en el primer periodo existe una apreciación del TCR del 19% y las exportaciones subieron un 29%. Contrariamente, en el periodo 2012-2014 el tipo de cambio real se depreció un 40% y las expo cayeron un 12%.
En el caso de Perú podemos ver para el primer periodo una apreciación del 9% TCR con un incremento de las exportaciones del 49% acumulado y a partir del 2012 una depreciación real del 9% y las exportaciones cayeron un 15,2%. En el caso de Chile en el primer periodo la moneda se aprecia un 14% en términos reales y las exportaciones aumentaron un 26% y en el segundo se deprecia un 20% y las exportaciones cayeron un 5%.
Argentina no fue la excepción a la regla. En el periodo 2009-2011, la apreciación real fue de un 29% y las exportaciones se expandieron a un 20% acumulado. En cambio en el periodo 2012-14, el TCR se depreció un 3% y las exportaciones cayeron un 10%.(2)
Esta obsesión actual por la devaluación es la misma que existía en el periodo 2004-2008. Incluso en ese lapso, caracterizado por un boom de las exportaciones, se da un proceso fuerte de apreciación nominal del tipo de cambio en Brasil, Chile y Perú.
Una visión alternativa y, a nuestro entender correcta, pasaría por relacionar la caída de las exportaciones en los últimos años con dos procesos: la reducción del precio de nuestros principales productos y la contracción de la demanda mundial, en particular, el estancamiento de la economía brasilera, la recesión europea y la desaceleración de China y de otros emergentes. Por el lado de los precios se observó una significativa caída durante 2014 (17,1% en dólares) explicado, fundamentalmente, por mermas en los precios de los productos del complejo sojero, del petróleo crudo y del maíz (3).
Uno de los desafíos de la economía argentina radica en incrementar las exportaciones, en particular de las de mayor valor agregado, pero –como demostramos- no provendrán de mega devaluaciones. En cambio, lo que se necesita es una mayor competitividad de las empresas nacionales mediante una reducción en sus costos, por ejemplo los de transporte interno, un mejor y más barato acceso al mercado de crédito nacional y mayor dotación de capacidad humana capaz de inyectar innovación en los productos y procesos productivos. Por su parte el Estado deberá seguir colaborando para ganar nuevos mercados externos y conducir la estrategia exportadora.
Lo que sí estamos seguros es que las devaluaciones que nos quieren imponer tienen un solo objetivo, destruir el salario real y disciplinar a la clase trabajadora con mayor desempleo. ¿O ustedes piensan que los lobbystas feroces por la devaluación desconocen los datos que planteamos en el informe? El problema es que no lo dicen.